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miércoles, 9 de noviembre de 2016

Tsunami político en Estados Unidos

Donald Trump debe su triunfo a contradicciones dentro de ese sistema viciado en un proceso electoral que culminó en unas “elecciones infernales”, como las calificó el analista Tom Engelhardt en su blog TomDispatch 


Calificado en los más duros términos dentro y fuera de los Estados Unidos, el recién finalizado proceso electoral que dio sorpresiva victoria a Donald Trump ha servido, no obstante, para demostrar la creciente relatividad de encuestas, vaticinios y matrices de opinión frente a factores más profundos cuyas esencias están ocultas a la mayoría del público y los medios.

De nada valió el barraje propagandístico para desacreditar a Trump, como tampoco sus controvertidos comentarios sobre los inmigrantes, su promesa de erigir un muro en la frontera con México, su trato irrespetuoso hacia las mujeres, sus diatribas contra los musulmanes, las minorías y hasta los hebreos.  Pese a tener la prensa en contra, estar peleado con la dirigencia de su partido —el republicano— y representar una amenaza para el establishment, el  magnate corporativo se alzó con la victoria.



Donald Trump es el fruto inmediato de la actual coyuntura política en la nación más poderosa del mundo y debe su triunfo a contradicciones dentro de ese sistema viciado en un proceso electoral que culminó en unas “elecciones infernales”, como las calificó el analista Tom Engelhardt en su blog TomDispatch.

No se trata de un “globo al aire”, sino que el propio sistema y sus soportes políticos llevaron a ese resultado, pues, partiendo de los grandes problemas estructurales que afronta la superpotencia y la actual crisis en que se debate, fue arraigando entre las grandes mayorías la convicción de que había que cambiar y que el cambio prometido en lo económico al interior del país por el Presidente Obama durante su campaña nunca se produjo.

De ahí que la certeza en la necesidad del cambio haya anidado incluso en porciones de la población afroamericana, de las minorías y, sobre todo, en el amplio sector de hombres blancos de clase media y pobre, preteridos por el sistema, que los ha relegado a un segundo plano en lo político y económico, mientras privilegia al uno por ciento de los habitantes de la Unión; es decir, a los millonarios.

Se alega que la culpa de la victoria de Trump la tuvo en primer lugar el Partido Demócrata, pues se empeñó en mantener a ultranza  en la candidatura a Hillary Clinton, calificada de tramposa, y a quien se responsabiliza del surgimiento de las organizaciones terroristas Al Qaeda y Estado Islámico, mientras esa entidad ejerció todo tipo de presiones e incurrió en fraude electoral contra Bernie Sanders, quien si tenía propuestas atractivas para el electorado.

La explicación más objetiva en la opción partidista radica en que el establishment, representado por los Clinton, veía en Hillary la estabilidad del sistema, y a esto no escaparon incluso prominentes republicanos que le dieron su apoyo y algunos que se lo retiraron a Trump y entraron en fuertes contradicciones con él, incluidos otros candidatos del partido representado por el color rojo y el elefante, que quedaron en el camino.

Se había planteado que la muy esperada victoria de la Clinton —muchos observadores consideraban un verdadero milagro una hipotética victoria de Trump— generaría un cúmulo interminable de problemas, el primero de los cuales surgiría si el candidato republicano no aceptaba la derrota, lo que traería aparejado la acusación de fraude electoral y la deslegitimación de los comicios, ante la falta de confianza en la probidad de Hillary y los suyos.

Luego, si remontaba ese gran escollo, la que los medios y analistas consideraban virtual ganadora debería enfrentarse a un Congreso donde ahora los republicanos dominan ambas cámaras. Y ¿qué iba ser de ella si el propio Obama en mejores condiciones en el legislativo había visto frenadas muchas de sus iniciativas?

La otra cara de esta problemática viene dada por la actitud real que adopte el Presidente electo cuando asuma sus poderes el 20 de enero de 2017. De inicio, su elección —incluso cuando todavía se debatía en las urnas— provocó la caída de las bolsas de valores y de la cotización del peso mexicano, y fue motivo de una reunión urgente de los directivos del sistema financiero en Japón.

Ahora todo es expectativa que se mantendrá al menos durante los próximos dos meses. Para cualquier análisis, se parte de indicios y promesas, pero será la realidad la que diga la última palabra. Mientras Trump elogió varias veces durante su campaña al Presidente ruso Vladimir Putin y alegó que Estados Unidos debía colaborar con Rusia en la lucha contra el terrorismo, su contrincante demócrata no hizo más que atacar a Moscú y responsabilizarlo con todo lo malo que ocurre en el mundo.

La agresiva política de Barack Obama en el Medio Oriente y en Asia oriental ha suscitado no pocos roces con Rusia y China, pero salta a la vista que en las últimas semanas previas a las elecciones el país euroasiático suspendió los ataques aéreos contra los terroristas cercados en el este de la ciudad siria de Alepo, mientras EE.UU. y sus compinches bombardean libremente en las cercanías del feudo terrorista de Al Raqa y en la urbe iraquí de Mosul, en gesto que, indudablemente buscó quitarle argumentos a Hillary.

Falta por ver cómo procede Trump hacia la OTAN, que ha tildado de obsoleta y una carga para los Estados Unidos, que financia el 75 por ciento de los costos de la alianza. “Europa en ascuas”, reza un titular, para referirse a las reacciones de profunda preocupación que ha suscitado la victoria de Trump en los líderes comunitarios.

Existe también la opinión de que, pragmático en fin como la mayoría de los empresarios y, además, por ser estadounidense, el magnate se atemperará a las situaciones y prácticas que a su entender más convengan a los intereses que representa, sin estirar demasiado la liga… so pena de romperla.

En cuanto a Cuba, el inoportuno Donald ha proferido opiniones diversas, entre ellas, que en cuanto se instale en la Oficina Oval dará marcha atrás a lo legislado por Obama en relación con la isla. Hacemos votos por que solo se trate de una intempestiva promesa de campaña dirigida a los dinosaurios de la miamense calle 8, no más.

(Pastor Guzmán)

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