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martes, 12 de noviembre de 2013

Confesiones de médicos cubanos desde Brasil

Por Daniel Carvalho, Enviado Especial de Folha de Sao Paulo al interior de Pernambuco 

 .Los pacientes hablan de rodillas agradecidos por la atención que reciben 

 La demanda de médicos en el interior del país es gigantesca y la cubana Teresa Rosales, de 47 años, se sorprende con la recepción de sus pacientes en Brejo da Madre de Deus, en el interior pernambucano.

“Ellos [los pacientes] hablan de rodillas en el piso, agradeciendo a Dios. Dan besos”, afirma la doctora que atendió 231 personas en este primer mes de trabajo de los profesionales que vinieron a Brasil por el Programa Mas Médicos del Gobierno Federal.

El puesto de salud en que Teresa trabaja queda en el distrito de São Domingos, región pobre y castigada por la sequía.

Durante los últimos cuatro años, el puesto no tenía lo básico: médicos. Hasta el final de septiembre, cuando Teresa llegó al distrito, quien anduviera kilómetros de caminos de barro hasta llegar a la unidad de salud siempre volvía a casa sin atención.



La situación se repetía a unas calles de allí, en el puesto donde el marido de Teresa, Alberto Vicente, 43 años, comenzó a trabajar en octubre.

“Fue Dios quien mandó a ese hombre. Era una dificultad llegó a cerrar el puesto por falta de médico”, dice la jubilada Isabel Rocha, 80 años, que ahora controla su diabetes con orientación médica.

Alberto y Teresa integran un grupo de 400 cubanos que llegaron por el Mas Médicos en la primera etapa del programa. Otros 2000 de sus coterráneos comenzaron a trabajar el día 4 de noviembre, 76 de ellos en Sao Paulo.

Una tercera oleada de de 3.000 médicos de la isla llegaron esta semana a cinco capitales. La previsión es que ellos comiencen a trabajar en diciembre.

Ellos tienen el alojamiento y la alimentación asegurados por las prefecturas y reciben por mes entre R$ 800 y R$ 900 del gobierno federal. La otra parte del dinero se entrega a los familiares de los médicos y al gobierno cubano.


La población llena los puestos que antes estaban vacios, ya que no había médicos.

La agricultora Maria Inácia Silva, 69 años, había visto un médico por última vez en el 2005.

Ella se declara impresionada por la forma en que fue atendida por el cubano Nelson López, 44 años, nuevo médico del poblado de Capivara, en Frei Miguelinho.

La diferencia de la atención está desde la organización de los muebles: el paciente se sienta en una silla al lado de la mesa del médico, para que el mueble no sea una barrera entre ellos.

“Nos gusta examinar al paciente, dedicarle un tiempo a él, considerarlo persona” dice López .

Las filas de las consultas son largas. Aún estaba oscuro cuando Maria Inácia Silva llegó al puesto y fue atendida ya en la hora de almuerzo.

Pasó cerca de media hora en el consultorio y finalmente supo que los dolores que siente se deben al reumatismo.

“El es un gran médico, a pesar de ser extranjero. En 69 años nunca vi un médico tan bueno”, dice Maria Inácia.

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