ESPECIAL DE HOY

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sábado, 17 de diciembre de 2016

Rolando, el alfabetizador del Escambray

Rolando Espinosa Rodríguez, aunque nativo de Chambas, lleva muchos años como residente en la ciudad de Morón. Luego de laborar 44 años consecutivos como educador, lleva  en su corazón el orgullo de tener una escuela, como único centro de trabajo.

Pero, cómo fueron los inicio de Rolando en el sector de la enseñanza?

Cuenta que era muy joven, apenas tenía 14 años cuando comienza enn el país la campaña de alfabetización en 1961. Ante aquel llamado dio el paso al frente. Recibió un seminario de capacitación y  recibió las cartillas, el manual del alfabetizador, un farol y echó su mochila al hombro.

No le resultó nada fácil la encomienda, pues  fue ubicado en un lugar muy distante de su familia, nada menos que en una zona rural de Manicaragua, en la cordillera del Escambray, entonces provincia de Las Villas.



Aquel jovencito llegó una mañana a una casita muy humilde donde residían unos campesinos. Allí vivían los Rojas, una familia que no sabía ni leer, ni escribir, pero de muy buenos sentimientos, y enseguida me  abrieron las puertas para que emprendiera la encomienda de alfabetizarlos.

"No sabían absolutamente nada, nunca habían tomado un lápiz en sus manos, su forma de expresarse evidenciaba la poca cultura que poseían, pero eso me inspiró a esforzarme para que al término de la campaña tener la satisfacción de recoger los frutos esperados".

Refiere Rolando que ellos se ganaron el aprecio y toda su confianza,  pusieron mucho empeño en aprender a leer y escribir y al final lo lograron.

Aquella experiencia en un lugar tan solitario donde por las noches había que alumbrarse con mechones y el farol que portaban los alfabetizadores le abrió las puertas para convertirse en  educador. Al concluir la campaña se preparó como maestro e impartió clases en el poblado de Esmeralda, Camagüey, pero años después ocupó responsabilidad  como asesor de Historia en Chambas, hasta su jubilación  hace  ya algunos años.

Rolando Espinosa Rodríguez no olvida la campaña de alfabetización, tampoco las  escuelas donde  laboró por espacio de 44 años. "Es un recuerdo y un orgullo que llevaré dentro hasta mis últimos minutos de existencia".


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