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jueves, 3 de marzo de 2016

El boleto de Obama

- Gran parte de la corte y de la prensa que le acompaña tendrá que contratar un vuelo chárter, única alternativa hoy para saltar el Estrecho de la Florida sin lidiar con las corrientes marinas

Barack Obama no podrá viajar a La Habana en el vuelo regular de una aerolínea a fines de marzo. En esa fecha, las compañías todavía estarán enzarzadas en trámites legales para inaugurar rutas comerciales entre ciudades de Estados Unidos y Cuba. La oportunidad de hacerlo apareció con la firma de un acuerdo sobre Aviación Civil entre ambos países a principios de febrero, pero las aerolíneas tienen que llenar papeles. De todas maneras a Obama no le hace falta ese boleto. Cuenta con el avión presidencial.

En cambio, gran parte de la corte y de la prensa que le acompaña tendrá que contratar un vuelo chárter, única alternativa hoy para saltar el Estrecho de la Florida sin lidiar con las corrientes marinas.



Los primeros viajes se esperan a la altura del verano o el otoño próximo. Este puente, cerrado hace más de medio siglo, lo reabrió un Memorando de Entendimiento para regularizar vuelos entre EE.UU. y La Habana y hacia otros nueve aeropuertos internacionales de ciudades y enclaves turísticos cubanos.

El documento lo firmaron en el Hotel Nacional de Cuba el secretario de Transporte estadounidense., Anthony R. Foxx, su homólogo cubano Adel Yzquierdo y otros funcionarios.

Foxx es el cuarto alto ejecutivo del Gobierno de EE.UU. que pisa tierra cubana en menos de un año. Todos vinieron a explorar y a construir puentes, a juzgar por los comentarios que hicieron. También le preparaban el terreno a su Presidente, que aterrizará en La Habana a menos de un año de la apertura de embajadas.

No demoró él; quiere ser el primer mandatario de su país en viajar a Cuba desde que el parto de la Revolución desconcertó e irritó al extremo al poder político estadounidense –a las agresiones y el bloqueo económico a Cuba se sumaron torpezas gringas que menoscabaron su señorío geopolítico en América Latina y el Caribe.

“La agricultura puede servir de puente para fomentar la cooperación, la comprensión mutua y el intercambio de ideas”, declaró el secretario del Departamento de Agricultura de EE.UU., Thomas Vilsack, una semana después de recorrer fincas, cooperativas y mercados en La Habana y sus alrededores. Hizo la visita para “aprender los unos de los otros”.

Igual disposición al diálogo mostraron la secretaria de Comercio, Penny Pritzker, un mes antes y en agosto el secretario del Departamento de Estado, John Kerry, cuando inauguró la embajada de EE.UU. junto al malecón habanero. “Es el momento de acercarnos como dos pueblos que ya no son enemigos ni rivales, sino vecinos”, dijo Kerry.

Con cautela más anglosajona, Pritzker admitió la necesidad de “construir una relación más abierta entre nuestras dos naciones” pero no prometió demasiado. Manifestó disposición de “escuchar y aprender” porque desconocían mucho de Cuba. Y aprendió, a juzgar por comentarios cuatro meses después.

“Aprendimos que en Cuba, como en muchos de nuestros otros socios comerciales en todo el mundo, es necesario trabajar con las empresas estatales con el fin de apoyar al sector privado local”, dijo hace unos pocos días, según reporta el diario Granma.

Vilsack, uno de los ejecutivos más críticos con un bloqueo que afecta también a los agricultores norteamericanos, defendió la idea de que “el comercio es un camino de dos vías”. Puso el dedo en la llaga. La equidad en las relaciones comerciales asoma como una de las metas más espinosas. En el puente comercial, la senda hacia el norte parece mucho más estrecha que en dirección contraria.

Las maniobras políticas y el apetito empresarial de EE.UU. se inclinan más por la entrada en el mercado cubano que a admitir la operación inversa. Prometen ser selectivos. Más propensos a la compra-venta de bienes, como los alimentos, que de tecnologías que implican desarrollo. Excepciones como las telecomunicaciones se explican por las implicaciones ideológicas y políticas.

El reciente memorando para vuelos regulares abre una puerta que solo conseguirá franquear en un primer momento la aerolínea Delta Airlines, y otras declararon ya la intención de despegar hacia La Habana. Pero a Cubana de Aviación le será mucho más difícil devolver la movida, por la persecución legal de que puede ser objeto en territorio estadounidense. Y cuando los abogados venzan ese escollo, afrontará entonces otro mayor: la enorme desventaja en eficiencia y calidad frente a la competencia del norte.

No sería la única empresa cubana en semejante apuro. Como opción para el desarrollo —capital y tecnología— les queda la asociación con un inversionista extranjero, legislada ya por el Gobierno cubano pero en pañales aún.

¿El Gobierno de EE.UU. les dará luz verde a sus compañías para invertir en Cuba?

Cuando era visitante, Pritzker propuso “buscar nuevas oportunidades dentro de los límites del embargo” y el ministro cubano de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, Rodrigo Malmierca, le recordó en Washington, cuando le devolvió la visita en estos días, que el presidente Obama tiene facultades para cambiar reglas del bloqueo sin meterse en el territorio exclusivo del Congreso. Una, dijo, es “la restricción a las empresas estadounidenses de invertir en Cuba”.

Otro ejemplo citado por Malmierca en la Cámara de Comercio de EE.UU. es la clásica prohibición para importar en ese país bienes y servicios exportables cubanos, desde los tradicionales ron y tabaco hasta los más avanzados, como los productos biotecnológicos. Su “eliminación resulta necesaria para que se produzca un verdadero intercambio comercial en ambas direcciones”, dijo el ministro.

Pero si algo obstaculiza, retarda y encarece las operaciones comerciales, financieras o de cualquier otro tipo, no solo con Estados Unidos, sino con empresas y bancos de terceros países, es la amenaza de sanción multimillonaria que pesa sobre cualquiera entidad del mundo que acepte transacciones de Cuba en dólares estadounidenses. “Su modificación emitiría una señal clara al sector de negocios, y en particular, a la banca”, comentó Malmierca.

Tres paquetes de medidas ha implementado la Casa Blanca para flexibilizar las restricciones económicas. El más reciente, de enero de este año, autorizó el otorgamiento de créditos de bancos comerciales de EE.UU. para exportar a Cuba una lista reducida de productos. Dio luz verde también para que los viajeros autorizados –la posibilidad de turismo continúa vedada- creen cuentas bancarias en esta nación caribeña para operarlas durante su estancia. Pero esas opciones quedaron en una suerte de suspense mientras el dólar sea una traba.

Obama “podría dar licencias a los bancos de EE.UU. para procesar las transacciones en dólares provenientes de Cuba, para que estos no teman ser multados por hacer negocios con la Isla”, confirma el académico estadounidense William LeoGrande, uno de los autores del libro “Canales secretos a Cuba: La historia oculta de las negociaciones entre Washington y La Habana”.

Miembro de la coalición bipartidista Engage Cuba, LeoGrande enumera otras muchas oportunidades al alcance de Obama. “El Presidente podría y debería hacer mucho más utilizando su autoridad ejecutiva”.

La directora general de Estados Unidos de la Cancillería cubana, Josefina Vidal, es más tajante: Obama puede “sepultar las partes fundamentales del bloqueo”.

¿Traerá Obama en la laptop alguna oferta para hacer realmente fecundo el diálogo con el presidente cubano Raúl Castro? ¿O solo se propone conversar civilizadamente, con la mirada en un futuro ambiguo?

Civilizados, pero rivales aún, además de vecinos. Ambas partes tienen claros los riesgos y alcances políticos, económicos, sociales e ideológicos de la necesaria normalización de relaciones.

Ben Rhodes, asistente personal del mandatario estadounidense y asesor adjunto de Seguridad Nacional, anunció hace unos días que trabajan para “abrir todo lo que podamos en el contexto que permitan las leyes del bloqueo”. ¿Una seña? Rhodes confía también en que la visita haría irreversible el proceso.

Antes de entregar el mando en enero de 2017, Obama podría comprar un boleto para entrar en la Historia como el Presidente de EE.UU. que condenó a muerte el bloqueo. ¿Se propone usar dólares para pagarlo?

Fuente: CUBADEBATE

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