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domingo, 7 de diciembre de 2014

Félix Báez ya está junto a su familia en Cuba

-Tenía la total convicción de que me iba a salvar,  expresó Báez
 
Acompañado de su esposa Vania Ferrer y su hijo mayor, Félix Alejandro, el médico agradeció las atenciones que recibiera de las autoridades de Sierra Leona y de Ginebra, que estuvieron continuamente al tanto de la evolución de su enfermedad, al pueblo y al gobierno cubano que lo acompañaron con “enorme solidaridad” y a la Organización Mundial de la Salud (OMS), que dispuso trasladarlo al Hospital de Ginebra para continuar el tratamiento con mayores cuidados, después que el diagnóstico del Ébola que padecía dio positivo.


“La atención del Hospital fue magnífica. Tenía la total convicción de que me iba a salvar, y que iba a regresar”, aseguró el médico. Y añadió: “Tenía un compromiso muy grande con la Revolución y no podía permitirme incumplirlo: de que todos teníamos que regresar sanos y salvos“.

Afirmó que el viernes, tras ser dado de alta, “tuve la oportunidad de dar una paseo por la ciudad de Ginebra, con los compañeros de la Embajada”, quienes le dedicaron un poema que leyó, emocionado, a los periodistas.
Cuba no abandona a sus hijos

“Félix es una prueba más de que Cuba no abandona nunca a sus hijos”, afirmó el Doctor Jorge Pérez, director del Instituto de Medicina Tropical “Pedro Kourí”, quien acompañó a Félix en su estancia en Ginebra y desembarcó con él en la terminal aérea este sábado.

“Llegué a Ginebra para ocuparme de los preparativos del traslado, cuando ya estaba confirmado el diagnóstico”, afirmó. Pérez también tuvo palabras de gratitud, en nombre de las autoridades de Salud de Cuba, para los directivos y  todo el personal médico del Hospital de Ginebra -casi medio centenar- que atendió a Félix.

Fueron magníficas las relaciones con los especialistas en Ginebra, que reconocen el acto altruista de nuestros médicos, los primeros en presentarse como voluntarios para luchar contra la epidemia del Ébola. También se admiraron de la preocupación permanente de las autoridades cubanas por la salud de Félix, “una muestra de que la Revolución no abandona a sus hijos, lo que sensibilizó mucho al colectivo del HUG”, aseguró el director del IPK.

Reconoció que “es el primer paciente que ellos tenían y el que yo tenía. Lo visitaba y hablaba con él todos los días, incluso cuando tenía ‘flash’ -cómo le llamaba Félix a los momentos de pérdida de conciencia. Luego lo vi mejorando, con los medicamentos y la atención del hospital. Su cara cambió, y comenzó a recuperarse, y me dijo: ‘Yo me voy a poner mejor y vuelvo a Sierra Leona’. A mí eso me emocionó mucho, porque él, como decimos, ‘pasó el Niágara en bicicleta’. Demostró que él había ido de voluntario por sus convicciones,  y regresaría a África otra vez de voluntario…”.

Pérez destacó la sensibilidad y los gestos de cariño de los médicos suizos que atendieron al cubano: “Construyeron una relación con Félix muy bonita. Escribían cartelitos y se los mostraban a través del cristal, y cuando ya le dieron el alta, le regalaron un pulóver con la firma de todas las personas que lo atendieron. Eso yo lo hacía en Cuba cuando terminé el sexto grado”, sonríe.

El director del IPK, finalmente, añadió:

    “Me he sentido orgulloso de estar con él, de darle ánimo, de poder discutir el tratamiento con los profesionales, y ahora de agradecer la magnífica atención que tuvo allí y las enormes evidencias de solidaridad humana que esta historia ha generado”.

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