ESPECIAL DE HOY

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lunes, 24 de diciembre de 2012

Lo que no olvidan los cubanos: las Pascuas Sangrientas

Monumento erigido a las Pascuas Sangrientas de 1956
Rafael Orejón Forment sería el primero en la lista de los 23 jóvenes asesinados y masacrados a finales de diciembre de 1956 en la costa norte de la antigua provincia de Oriente, mediante una operación desatada por la dictadura batistiana bajo el nombre de Regalo de Navidad y denominada posteriormente, Pascuas Sangrientas.

Jefe entonces del Movimiento 26 de Julio en Nicaro, Orejón fue ultimado ese día en La Portada, lugar cercano a esa zona industrial del actual municipio de Mayarí, en la provincia de Holguín.



 La cadena de crímenes continuó hasta el 26 de diciembre de ese año, y dejó finalmente 23 víctimas, todas de diferentes municipios del norte oriental de Cuba, desde Las Tunas hasta lo que es hoy la provincia holguinera.

En esa región del antiguo territorio de Oriente el Movimiento 26 de julio estaba muy bien organizado desde finales de 1955, la dirección nacional contaba con células primarias en Sagua de Tánamo, Mayarí, Nicaro, Antilla, Banes, Holguín, Gibara, Las Tunas y Puerto Padre.

Como apoyo a la llegada de los expedicionarios del yate Granma habían incrementado la ejecución de sabotajes, colocación e inscripción de carteles con lemas en lugares públicos, estallido de petardos, distribución de cuartillas y octavillas que aparecieron en cines, parques y calles.

El dictador Fulgencio Batista había alertado al coronel Fermín Cowley Gallegos, jefe del Regimiento Militar de Holguín, sobre la posibilidad de que se produjera un desembarco en la zona bajo su jurisdicción y lo instó a que  evitara la ocurrencia allí de acciones de apoyo.

Fue así como organizaron la operación denominada Regalo de Navidad. La represión fue brutal y los cuerpos sin vida de jóvenes revolucionarios aparecieron salvajemente torturados, ahorcados o baleados, con el premeditado propósito de sembrar el terror y extinguir la llama rebelde que se extendía por toda la Sierra Maestra bajo las órdenes del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.

La mayoría de los asesinados fueron sacados de sus hogares, torturados y sus cadáveres aparecieron abandonados en distintos lugares, por el solo hecho de oponerse a la dictadura de Fulgencio Batista.

Con todo el apoyo logístico de fuerzas y medios, el sanguinario coronel Fermín Cowley Gallegos, arremetió sus acciones contra la avanzada revolucionaria desde el 23 y hasta el 26 del último mes del año.

Las masacres de aquel diciembre negro truncaron la vida entre otros, además de Orejón, del máximo dirigente del Movimiento 26 de Julio en Holguín, Pedro Díaz Coello y  figuras del Partido Socialista Popular, trabajadores y dirigentes sindicales.

Noches y días de horror vivieron los jóvenes  masacrados en el oriente cubano, al igual que sus familiares y el pueblo en general, sin que sus criminales lograran apagar la luz del triunfo de sus ideales, alcanzados el primero de enero de 1959.

Finalmente Cowley Gallegos pagó sus crímenes cuando fue ajusticiado el 23 de noviembre de 1957 en plena ciudad de Holguín por miembros del Movimiento 26 de Julio de ese oriental territorio.

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