ESPECIAL DE HOY

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lunes, 12 de noviembre de 2012

El escabroso camino de Obama

Por Roberto Morejón
La reelección de Barack Obama, con menos votos y entusiasmo de los que arrastró cuando obtuvo su primer mandato, no debe acarrear grandes cambios para América Latina, un área geográfica habitualmente ignorada desde el Norte, con la excepción de cuando ven en precario sus intereses estratégicos imperiales.

altNo por casualidad el hoy triunfante presidente y su feroz contrincante, el conservador republicano Mitt Romney, desconocieron al subcontinente durante los tres debates televisivos y gran parte de la campaña.



Sería un desliz pasar por alto que los asesores de la Casa Blanca sí mantienen estrecha vigilancia sobre los procesos desarrollados en países donde se enaltece la justicia social, independencia y soberanía, como ocurre en Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua y, por supuesto, en Cuba.

Por sólo mencionar los sucesos más recientes cabe evocar las denuncias de prensa sobre la erogación de más de 80 millones de dólares para calzar los esfuerzos de Estados Unidos por evitar la reelección del presidente ecuatoriano, Rafael Correa.

Obama, exhausto después de una campaña tan áspera y desprovisto del halo esperanzador que lo llevó a la presidencia en el 2008, parece sumergido en tantos problemas que apenas tendrá tiempo para ocuparse de América Latina.

Por ahora disfruta el triunfo, obtenido gracias a que la mayoría de los estadounidenses rechazó la alternativa de Ronmey, tan ultraconservadora que atrajo, sobre todo, al electorado de raza blanca.

También tuvo la fortuna el primer presidente de raza negra de Estados Unidos de que muchos electores recordaran que la actual crisis económica fue una herencia del republicano George W. Bush, inepto, inculto y entusiasta del terrorismo de Estado.

A diferencia de su antecesor, Obama también cosechó dividendos de su oratoria fluida y de su habilidad para moverse en público, además de anotarse un golpe de efecto de última hora con su gestión al paso del devastador huracán Sandy.

Sin embargo, nadie olvida que bajo su mandato tres millones de estadounidenses más quedaron sin empleo, el déficit presupuestario aumentó 4 000 millones de dólares, siguió el cuestionamiento del dólar como moneda de reserva y se extendieron la pobreza y la desigualdad.

Bajo su directriz, en política exterior tuvieron auge los operativos para forzar cambios de régimen, como pasó en Libia y se busca en Siria, y  prosiguió la extenuante ocupación de Afganistán.

El gobierno estadounidense continuó los vuelos de los aviones sin tripulación que matan civiles en Afganistán y Pakistán y atizó el diferendo nuclear con Irán.

El reelecto Primer Mandatario no puede sentirse cómodo con el país polarizado y con seguridad continuará concertando con el flanco republicano acérrimo, en detrimento de proyectos que animaron a millones de sus compatriotas en el 2008.

Tras la elección más cara de la historia en Estados Unidos, millones de inmigrantes esperan por una reforma y América Latina por un trato de igual a igual, así como por el respeto adecuado a la libre opción política y de modelos de gobierno.

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