ESPECIAL DE HOY

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sábado, 3 de agosto de 2013

La batalla periodística contra el secretismo

Tomado de Cubaperiodistas.cu  
EL SEGUIMIENTO DE LA NOTICIA es esencia en la práctica de un buen periodismo. Eso, como regla, se ha perdido en nuestras redacciones. Hay señales en estos días, aunque aún tibias, de que podríamos avanzar en la recuperación de ese principio de la profesión.

 El miércoles, el noticiero del mediodía de la TV dio la nota del MINSAP sobre la intoxicación masiva en un barrio de La Lisa por ingestión de alcohol de madera, sustraído de un almacén estatal y vendido a la población de esa comunidad, y que ya ha causado 10 muertes. 

Esa noche, sin embargo, en el NTV Estelar se leyó la misma nota. La audiencia esperaba imágenes y alguna información nueva. Afortunadamente, a la mañana siguiente, la revista Buenos Días ofreció imágenes
y voces de algunas de las 46 personas intoxicadas que estaban ingresadas y de los médicos que los atienden. Granma y Juventud Rebelde también publicaron amplias informaciones obtenidas por sus reporteros.  

Eliminar el secretismo no consiste solo, como a veces ha ocurrido, en publicar una nota oficial con información útil, ciertamente, pero donde están ausentes muchos elementos que la población necesita conocer. Ningún enfoque administrativo, por exacto que sea, puede reemplazar el trabajo profesional, la sensibilidad política y el sentido de servicio público que es capaz de transmitir un buen periodista. 

En acontecimientos de interés humano, como es el caso de la intoxicación masiva en La Lisa, es necesario ofrecer, con rapidez,  información que responda al interés de la población: ¿Cómo ocurrió? ¿Por qué ocurrió? ¿Dónde ocurrió? ¿Cuál es la evolución de los ingresados?, y, además, detalles sobre las causas de esa tragedia, donde hay vinculados elementos inescrupulosos, indisciplinas y prácticas ilegales. Sobre estos últimos aspectos todavía queda secretismo en nuestros medios. ¿Por qué? ¿Qué razones llevan a ello? 

Hechos como el comentado nada tienen que ver con la seguridad del país. 

Aunque el caso se está investigando, deben ofrecerse más detalles sobre los implicados,  y, de tal manera, responder en la prensa a lo que el presidente Raúl Castro planteó en su discurso ante la última sesión del Parlamento sobre las indisciplinas sociales, las ilegalidades, la corrupción y los delitos. 

Ya en 1986, durante el V Congreso de la UPEC, Fidel nos dijo: “Veo a la prensa jugando un papel importantísimo en la elevación de la moral y en la preservación de todos los valores sagrados de nuestro pueblo, en la denuncia, en el combate, en la lucha contra todas las cosas mal hechas”.

El caso de la intoxicación de La Lisa me hace recordar el ejercicio del periodismo en los primeros años de la revolución, cuando me inicié como reportero, y no había acontecimiento público, incluso acciones terroristas ejecutadas por la CIA, que no tuviesen un inmediato reflejo en nuestros medios revolucionarios y en los días siguientes un sistemático seguimiento. Nuestro modelo de prensa revolucionaria nació en esos años. 

Aprendimos entonces que era preferible el inconveniente de la equivocación al inconveniente del silencio o a eso que, en otros momentos, hemos llamado “síndrome del misterio” y que hoy identificamos como secretismo. 

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