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Frente al micrófono Aracelio Rodríguez López


Cuentan que Aracelio Rodríguez López llegó  a la cabina de locución de Radio Morón ya  a finales de la década de los años 50 y  que estuvo mucho tiempo en un período de práctica, cubriendo retazos de la programación nocturna, siempre acompañado por otro locutor de más experiencia en el medio.

Su afán por ser locutor lo hizo saltar sacrificios, pues  entonces residía en el poblado de Ranchuelos, algo distante de la ciudad de Morón, lo que constituía una tarea engorrosa estar  puntual en los turnos de la emisora, y  sobre todo por las noches.

Uno de los primeros programas en los que participó fue en Emulación Musical, que  salía  al aire a partir de las 8 y 30 de cada noche y  donde se producía una fraternal competencia entre  intérpretes, de acuerdo a la cantidad de votos que  envíaban los oyentes.


No hay que dudar  que fue en este  espacio, donde Rodríguez López  comenzó a curtirse y  a ganarse  un escaño para conducir otros programas, por lo menos en un horario diurno más factible.

Su voz era inconfundible, por su claridad, pronunciación y dicción, sobre  todo en programas musicales y complaciendo peticiones.

Pero una de las características más  connotadas de  Aracelio fue la profundidad de conocimientos en temas de gramática, lenguaje, de manera que cuando alguien del colectivo radial presentaba una duda en determinado aspecto, tanto locutores, periodistas, como redactores de espacio, rápidamente acudía a Rodríguez López, que era como un diccionario abierto para  ayudar a todo el que requería esclarecimiento sobre  un vocablo específico.

Y no solo eso, fue también el  profesional más puntual de la emisora, el que nunca tuvo una sola ausencia, aún  cuando presentaba problemas personales o  familiares. También el trabajador más  disciplinado y  respetuoso, al que  todo el mundo lo trataba de "usted".

Con 85  años de edad,  Aracelio Rodríguez López confiesa que, aunque alejado del micrófono, su mayor complacencia está  en sintonizar la radio y  recordar aquellas cinco décadas  que permaneció en el reducido espacio de una cabina de locución, donde  nunca  perdió el miedo escènico.

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